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Masoquista

Cansa conocer a personas en la vida. Cansa ir a citas, a fiestas, a un bar. Cansa hurgar en las redes sociales para hallar lo que quizá no existe. La búsqueda nunca acaba, puto cansancio. Aún así, sigues aunque te hayas jurado que la última vez fue la última vez porque simplemente no te da más el cuerpo y el alma. Pero ni te das cuenta y otra vez estás en lo mismo: alguien te está dando por el culo en una habitación que no es tuya. Y el dolor sodomítico se confunde con el dolor existencial. Mierda, duele tanto. No sabes si gemir o llorar. El círculo vicioso pareciera que se resiste a morir.

Aquí, en ti

Las veces que me pongo a escribir me pregunto qué esperas leer. Supongo que la mezcla de oscuridad y sexo que desparramo en cada oración que estampo en esta hoja de Word. El morbo por sobre todo, pienso. Esperas leer alguna confesión caliente y que te cuente que me gustan las mujeres tanto como los hombres o que me quiero follar a alguien en especial. Esto mismo ya te debe estar gustando. Y tus ojos continúan rápido la lectura porque necesitas saber más. En el intertanto también te preguntarás si mis historias son reales o invenciones. ¿Quieres saber la verdad? Sí, son reales.

En este sentido, ya no sé si mi blog es un E-book o un diario de vida, como no tengo problemas en hablar de sexualidad y de lo que me calienta y no, vengo acá y cuento todo. Como expliqué alguna vez, para mí el sexo es la mejor manera en que tenemos de olvidarnos por aunque sea un rato quiénes y somos y por qué. Pero no creas que soy ninfómana o sexópata. Sólo me gusta follar en todas sus variedades. El sexo es arte. Y
reitero que tampoco soy promiscua ni tengo diferentes amantes para cada día. Aunque parezca absurdo, en la actualidad estoy muy alejada de eso. Lo que sí me gustaría es tener a alguien con quien poder compartir más que una follada. Estoy cansada de ser la amante y tener que soportar las limitaciones de la condición (qué patetismo el mío). No critico a quienes buscan otras camas porque simplemente no creo en la fidelidad pura. Al respecto, no hace mucho leí un artículo sobre la “infidelidad consentida”. No se si has escuchado de esta forma. Se trata de permitir a tu pareja o lo que sea serte infiel pero a sabiendas y bajo ciertas restricciones.

La pregunta es si somos seres capaces de comprender que nadie puede vivir exclusivamente sólo para alguien porque es normal aburrirse de comer lo mismo siempre. Además, la fauna es mucha y provoca. Por lo tanto y desde una perspectiva avanzada,
sería sano autorizar a tu hombre o mujer que esté con otro cuerpo de vez en cuando. Seamos sinceros, lo último es casi imposible. Es mejor no saber cuándo te engañan y tampoco para qué tú vas a confesar la desviada del camino. Es contradictorio, anhelamos honestidad pero preferimos el engaño porque nuestro ego no soportaría enterarse de un desliz. ¿Yo si accedería a la infidelidad consentida? Soy concluyente: lo que es mío, es mío; y nadie lo toca. A menos que sea en un trío o una orgía. Créeme que follar con tu pareja con esta experiencia no sólo consagra una relación. También el sexo se hace más pervertido y sucio. Doy de fe ello.

Hago un alto en la redacción de este escrito. Si te das cuenta, cambié mi manera de contar. Otrora me remitía a narrar situaciones por las que he pasado y que se han quedado en mi memoria por la importancia que tuvieron. Empero, ésto, desde el personaje Magdalena de la Oz. Ahora es distinto, ya sabes que ella es realmente yo. Y no literatura. Aún así me pregunto si seré capaz de seguir desnudándome para ti. Te hago la siguiente pregunta: ¿cuánto más quieres de mí? Mi deseo es que me cuentes. Si yo ya me entregué a ti, sería virtuoso que tú te entregarás a esta mujer que te está incitando a que seas lo más libre que puedas. Cuéntame que quisieras. Las orgías dejan de ser orgías cuando no follas con el cuerpo.

Tengo muchas ideas para desarrollar en este texto, pero lo primero que se antepone es mi bisexualidad, la práctica del BDSM, los tríos y las orgías que he hecho y yo la amante… Me detengo a pensar y mi primera conclusión es que a estas alturas estoy un poco cansada de experimentar, de conocer tantos tipos de pájaros y de caerme varias veces. Lo segundo, es que te estoy entregando mi vida. Aquí me tienes. Tómame y siente cuán frágil puedo ser. Ahora te pregunto si igualmente tienes ganas de follarme. Piénsalo bien. Quizá lo único que quisieras es abrazarme de manera fraternal sin decir una sola palabra. Y también es lo que querría yo. No me molesta que te excites con mi persona y mis historias. Al contrario, me encanta porque significa que en el imaginario puedo tomarte de la mano y llevarte conmigo. Ese es mi objetivo. Pero lo que más me gustaría es que tuvieras la capacidad de sentirme más allá de los relatos calientes que escribo para ti.

A veces quienes me rodean me critican por ser muy etérea y espiritual. Siempre lo he dicho que más que hombres o mujeres, somos almas. Por esta razón no me importaría enamorarme de una fémina o un fauno. Y tampoco debería importarte a ti si es que ocultas el deseo o amor hacia un igual tuyo. La única culpa que deberías tener es no dejarte a ti mismo ser por los putos prejuicios o la moral inquisidora.

 Ya ves, no quiero ser una escritora (a decir verdad, no sé si lo soy) lejana e inaccesible. Lo más preciado que te puedo dar es mi honestidad descarnada. Esta misma que estás leyendo. En mi oscuridad también hay luz y esa luz la comparto contigo. Yo vivo entremedio de estas líneas. Si la piel se te ha erizado no es porque escriba bonito, es porque te he tocado y penetrado aunque sea mujer. Ten presente que en este lugar siempre me podrás encontrar porque aquí verdaderamente vive mi alma.  

Antes de decir buenas noches, te cuento que de fondo está sonando All mine de Portishead, que por la ventana se cuela el aire tibio y que desde aquí veo la noche en su esplendor. Ésta me invita a fumarme un cigarrillo para disfrutar el orgasmo de haberte escrito. 

La sangre fluye. 
Respiro profundo. 
Estás conmigo. 
Y yo en ti. 
Se siente bien.


Descarnado

Un momento. Esto no es lo que esperas.

~~~

En horas de reflexión y con mi mejor amante, Soledad, recordé el primer cuento que escribí. Tenía unos 7 años. Trataba del amor de los adultos. Me inquietaba de sobremanera saber de él, y más, tener la sensación a esa edad que en mi vida éste sería esquivo. Un
Photo by Justin Alexander Bartels.
pálpito infantil que en los años que llevo viva, se ha cumplido. Referido a lo último, Fausto Vonbonek, un gran poeta mexicano, me dijo: “
Hasta la soledad es también una página escrita que el viento ha arrancado de un íntimo diario”. Ergo, la sensación de frío me entumece el cuerpo. Se abren las heridas y las preguntas que le he hecho a la vida se quedan levitando en el vacío del silencio junto con los hilos de cigarrillo que se suceden uno tras otro después de dar grandes inhaladas a este amargo tabaco que fumo. Es angustiante. Te ha pasado, ¿cierto?

Siento decepcionarte si no soy la mujer que tú creías. Seguramente pensabas que era feliz, que pasaba en fiestas glamour y que follaba todos los días con distintos hombres de pollas grandes y mujeres con tetas de silicona. Que era promiscua o que tenía un gran compañero sentimental con el cual realizábamos tríos o participábamos en orgías. Pero no, ya ves. Sólo soy una mujer muy pensativa, solitaria, que se viste de negro y que cree que el sexo es la mejor manera que tiene el ser humano de olvidarse de quién es y por qué. Y por último, soy una más que se pregunta sobre el amor.

Inside



La bulla infeliz de la avenida me despertaba. Después, esa maldita sensación de no saber dónde estás para recordar a los segundos siguientes qué hiciste hace pocas horas atrás. Lo primero que aparece en la memoria, es que durante toda la noche un hombre me empaló en reiteradas ocasiones con su pene negro perfecto, casi azulado. Aún con este cansancio terminal, recuerdo el sexo oral que le di a pesar de las constantes arcadas. Mi saliva se confundía con el vino tinto bebido y el semen blanquecino eyectado de su pene apresado en mi boca. En ese instante, placer. Ahora, asco.

Así, medio despierta, reconozco que aún estoy drogada. No sé si el techo es el suelo o si éste es él. Estoy violada, maltratada y casi inerte por el popper, absenta y todo lo generado por la euforia de un encuentro desenfrenado. A lo lejos, pero muy cerca, escucho bocinazos de autos; y a las ratas bajo el piso de este viejo edificio que intenta empinarse hasta el cielo en esta ciudad prostituida en las perversiones de quienes anhelan escapar de la soledad. Como yo.


Perla negra

Me resultaba incomprensible que estuviera sola en el mismo bar las noches de los viernes. Al llegar, parecía que tras su figura agraciada, una cola de dolores pendía de su vestido ceñido y negro perfecto. Siempre ocupaba una mesa esquinada con vista a la avenida principal. Ahí, con las pupilas pegadas al vacío, bebía lentamente una botella de champagne. Dejaba que los minutos trascurrieran sin prisa como queriendo evadir un obligado regreso. Por mi parte, no podía dejar de observar como tomaba su cigarrillo con sus manos delicadas y blancas en contraste con sus uñas de color rojo rabioso. En cada inhalada, parecía que aspiraba el mundo. Después, con sus labios perfilados conducía el humo de tal forma que parecía que llenaba aquel lugar con su presencia. De vez en cuando cruzábamos miradas. A veces, varios segundos una en la otra. En aquel instante, esos ojos tristes y vidriosos me estremecían; al punto de olvidar mis oscuros deseos e ir donde ella sólo a abrazarla. Nada más.
Más de una vez quise cruzar el pasillo que nos separaba para preguntarle su nombre e invitarla a más que un trago. Quizá contarle, y después de varias copas, que sentía inquietud de su persona más allá de la atracción física que me provocaba. Y que de vez en cuando elucubraba con ella las veces que me masturbaba bajo una ducha solitaria. Pero nunca me atreví. Y nadie, tampoco.