Dame más.
Por favor no te detengas.
Imprime tus manos en mis caderas y déjame sin aliento en cada embestida tuya.
Pero no penetres a mi vagina, sino que a mí.
Márcame en este tiempo imperecedero y aprópiate de mi morada en llamas.
Que tu cuerpo termine de arder con mi saliva y con la expresión de mi rostro cuando me ves morir.
Así.
Dame más.