Confieso que no sólo me
calientan tus advertencias sodomíticas forzadas y sin preparación alguna. Lo
que más me hace desearte y elucubrar situaciones pervertidas, es el sentimiento
incestuoso que me provoca tu figura segura, fuerte, paternal y protectora.
Te juro que voy a levantar
mucho mis caderas estando boca abajo en tu cama para que no quede ni un pedazo
de tu pene afuera.
No me va importar que sienta
asfixia por el peso de tu cuerpo.
No me va a importar cuánto me
pueda doler.
No me va importar que me
levantes la cabeza tirándome el pelo para que succione tu lengua y para que te
diga cuánto me gusta.
Si no aguanto el dolor y llego
a llorar, sé que no perdonarás y que me darás más fuerte aún.
Justo ahora cierro mis ojos y
siento como chorrea tu semen por entremedio de mis nalgas.
Justo ahora cierro mis ojos y
siento toda tu protección. Vuelvo entonces a ser la niña de ayer. Pero contigo estoy segura.
Soy tu hija y tu perra. Cuando
termines de matarme, no me dejes de abrazar.
Larga espera ésta. Lo único
que quiero es que estés aquí.
