Desde que tengo
consciencia, mi vida la he sentido en blanco y negro. Sin embargo, en este último
tiempo ha sido más en blanco en lo que se refiere a escribir. Confieso que mi
inspiración erótica-porno-existencial-decadente me ha dejado por un rato porque
sólo me he dedicado a reflexionar (por Karma) sobre la vida y la muerte. Tengo
la sensación que ha pasado una vida tras otra. Por lo tanto, estoy cansada. Este mismo silencio de hace siglos, me
tiene en estado de sopor.
La lacónica escritora argentina, Alejandra Pizarnik, supo describir muy bien el sentimiento
de ancianidad prematura:
"Recuerdo mi
niñez
cuando yo era una
anciana
Las flores morían en
mis manos
porque la danza
salvaje de la alegría
les destruía el
corazón.
Recuerdo las negras
mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace
siglos".
Afuera las
estaciones se suceden una tras otra y junto con éstas las historias que hacen
de la vida un ciclo constante. Y somos tantos los que inside vivimos el eterno
otoño. Pero, ¿cómo huir de uno mismo si el ser no se puede cambiar?
Este tema muy agotador
es lo que me tiene sin poder escribir lo que estás acostumbrado leer. Te pido
disculpas. Quizá este acto de aparecer me caliente el cerebro como antes. Y de paso, a ti.
