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Ҏérfida

Mis largas uñas dibujaron extrañas figuras ensangrentadas en su espalda. Su pene enrojecido, lacio y estrangulado parecía casi muerto entre sus piernas. Sí, un hermoso color púrpura pintaba su sexo y sus testículos. Sólo faltaba un cigarrillo para culminar la sesión y el placer-dolor de ese hombre que tembloroso se vestía. En la soledad: risa perversa la mía casi oculta entre el humo del tabaco y en la oscuridad de la noche bendita.
My long fingernails draw strange figures bloodstained on his back. His flushed, limp and strangled dick was looked almost dead between his legs. Yes, a beautiful purple colour stained his sexual attribute and his testicles. Only a cigarette was missed to finish the session and the pleasure-pain of this man dressed in trembling. In solitude: my evil laughter almost hidden inside tobacco smoke and in the blessed darkness of night.





Posesión



En esa habitación en penumbras, él se follaba a esa mujer con fuerza bruta. La pobre gemía y lloraba pendiendo de sus brazos sudados y musculados. El acto, me mojaba hasta el alma mientras saboreada un bourbon denso. Y un morboso y voyerista placer me arrebataba el aliento al tener en cuenta que esa bestia era sólo mía.






Cabrón



Esa habitación olía a mierda por tan profunda sodomización. Una y otra vez. Una y otra vez. Me dolía tanto. Las venas rotas del ano. El muy maldito, en vez de pedirme que le diera la espalda, exigió que me recostara decúbito dorsal sólo para ver mi expresión de sufrimiento. Las piernas sobre sus hombros. De este modo, por buen rato. Con violencia. Seguidamente, hizo que se la mamara con todo ese sabor y aroma. De rodillas. Arcadas. Hasta la garganta. Bofetadas de verdad. La saliva escurría por la comisura de mis labios y caía en lava por mi mentón. Y él, en tanto, obligaba a succionar a su verga aunque me faltara la respiración.

Confesión I



Mientras me miro al espejo desnuda, pienso en mis gustos e inclinaciones sexuales desde
que era una curiosa niña de apenas 8 años. Recuerdo que oficiaba de sacedortiza con mis pares y que jugaba con ellos a tocarnos el cuerpo con los ojos vendados. Cuando tenía 10 años di mi primer beso a una niña: a mi prima. Fue una tarde de verano en la casa de playa familiar. Después de venir del mar nos duchábamos juntas en la inocencia de esa edad. En el baño, el sol se colaba por la ventana, caía en rayos sobre sus senos en crecimiento formando hermosas figuras. Consideraba tan magnificente la escena que la quedaba mirando como si fuera una pieza de arte. En casa nunca nadie sospechó. Y yo siempre me preguntaba en ese tiempo por qué las personas debían follar sólo con el sexo opuesto y no con el mismo. Con esta idea, en el colegio me gustaba ver cómo mis compañeras de curso se desnudaban para la clase de gimnasia. Adoraba ver cómo los pequeños botones comenzaban a sobresalir de la tenida deportiva veraniega. Y sentía gran atracción por los niños más seguros e inteligentes. Al pasar el tiempo, más grande, me masturbaba con cierta frecuencia. En la ducha apretaba con fuerza mis pezones, dolía agradablemente. Elucubraba con un hombre que a rostro cubierto me maniataba y violaba. 

Hard



Apenas se fue, comenzó a llover con ira. Miro hacia afuera, el temporal es inclemente. Observo como las personas se convierten en un reguero que se desliza rápido por la calle junto con el agua que cae del cielo obscuro. De este lado, las ventanas lucen empañadas. Extrañas figuras resbalan por el vidrio. Figuras que dan cuenta de lo sucedido en este lugar. En mi boca permanece el sabor salado de sus fluidos y en los pezones arden sus mordiscos. No quiero moverme, tengo la sensación que por entremedio de mis piernas mis vísceras van a caer por el fisting obligado. En mi rostro y partes del cuerpo siento tirantez en la piel. Es el semen que se ha secado y vuelto delicadas costras. Costras que parecen abstractos dibujos. Dibujos eyectados después de la sodomía.