Visceral


Huyendo, se juntaron por entre la neblina. Primero se besaron con enajenación; luego quitaron la piel, lamieron la sangre. Casi moribundo y como pudo, él introdujo toda su ira en los labios inundados del tibio líquido. Y ella, ella sólo sonrío. Para aquel entonces, el silencio reinaba.







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